Anestesiada.
Con la sensación de que podría arrasar mi vida un huracán y me importaría un jodido carajo. Con un inmenso vacío en el pecho, como un maniquí sin extremidades ni cabeza. Llevo tiempo a la deriva. No escribo. Ya no lucho contra los elementos, estoy perdida. No sé qué hago ni quién soy. Y, de repente, creo que he perdido 26 años de existencia. Me desperté un día consciente del laberinto. He caminado tantas veces a lo largo y ancho de los mismos pasillos... Y ahora lo veo con punzante claridad: siempre han sido, exactamente, los mismos pasillos. Poco a poco me convierto en estatua de sal, me paralizo. Me levanto por las mañanas con la sensación de fracaso arrastrando mi piel, como la arrastraría para sí el lodo seco. Me miro en el espejo y sólo veo una desoladora costra de decepción y ruina. Esquivo al ser humano, finjo que vivo. Y no, no es lo que hago: lo que hago es sobrevivir dentro de mi jaula.




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Joaquin dijo
Luchar contracorriente siempre desgasta mucho. Lo mejor es servirse de la propia corriente para ir a donde nosotros queramos.
14 Abril 2009 | 04:26 PM